Segundo tomo del ingenioso hidalgo Don Quixote de la Mancha

Segundo tomo del ingenioso hidalgo Don Quixote de la Mancha

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

—¡Oh, desventurado de la madre que me parió! ¡Oh, día aciago para mí, pues en él he perdido unas agujetas tan preciosas y las mejores de toda la Lombardía! ¡Ay de mí! ¿Qué haré y qué cuenta daré a mi señor de la joya que me encomendó? ¿Qué escusa tendré para huir de su andantesca cólera, para que no me sacuda con ella las costillas con algún ñudoso roble? Si le digo que las he perdido, tendráme por escudero desmazalado, y si le digo que me las hurtó un pícaro, tomará tanto enojo, que desafiará luego a batalla campal, no solamente al que las hurtó, sino a cuantos pícaros se pueden hallar en toda la Picardía. ¡No vendría ya la muerte a llevarme para sí antes que pasar tan gran dolor! Yo digo que de muy buena gana me mataría si no fuera porque temo hacerme mal. ¡Alto; manos a la labor! Yo quiero ir luego al cocinero cojo de don Álvaro, y pedirle dos cuartos prestados para comprar una soga y ahorcarme con ella; que después se los tornaré doblados. Y si acaso hallo algún árbol, como sea tal que desde él pueda llegar los pies al suelo, echaré el cordel de la primera rama y aguardaré a que pase algún hombre caritativo a quien rogaré con muchas lágrimas me haga limosna y caridad de ayudarme a ahorcar por amor de Dios, que soy un pobre hombre, huérfano de padre y madre. Y así, alto, quédate con Cristo, don Quijote de la Mancha, el más valiente caballero de cuantos andantes cría el cierzo y la tramontana. Quédate en paz también, Rocinante de mi alma, y acuérdate de mí, pues yo me acordaba de ti todas las veces que te iba a echar de comer; y acuérdate también de aquel día en que, pasando descuidado por junto tu postigo trasero, diciéndote: «Amigo Rocinante, ¿cómo va?», y tú, que no sabías aún hablar romance, me respondiste con dos pares de castañetas, disparando por el puerto muladar un arcabuzazo con tanta gracia, que si no le recibiera entre hocicos y narices, no sé qué fuera de mí. Quédate, pues, rocín de mis ojos, con la bendición de todos los rocines de Ronces Valles; que si supieses la tribulación en que estoy puesto, yo fío me enviaras algún consuelo para alivio de mi gran dolor. Ahora sus, yo voy a contar mi desgracia, como digo, a mi amigo el cocinero, de quien espero algún remedio, pues más vale que lo que se ha de hacer temprano se haga tarde; que al que Dios madruga, mucho se ayuda; en fin, allá darás, sayo, en casa el rayo, pues más vale buitre volando que pájaro en mano.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker