Segundo tomo del ingenioso hidalgo Don Quixote de la Mancha

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—Señor don Carlos, yo no tengo por costumbre, en ninguna parte que vaya, sea de amigos o enemigos, quitarme las armas, por dos razones. La primera, porque trayéndolas siempre puestas se hace el hombre a ellas; que, como dicen los filósofos, ab assuetis non fit passio. Pues la costumbre, como vuesa merced sabe, convierte las cosas en naturaleza, con que ningún trabajo hay que dé pesadumbre. La segunda, porque no sabe el hombre de quién se ha de fiar, ni lo que le puede acontecer, por ser varios los sucesos de la guerra. Y me acuerdo haber leído en el auténtico libro de las hazañas de don Belianís de Grecia que yendo él y otro caballero armados de todas piezas, perdidos por un bosque, llegaron a cierto prado donde hallaron diez o doce salvajes que estaban asando un venado, los cuales, por señas, les convidaron a comer dél. Los caballeros, que llevaban no poca necesidad y hambre, viendo la humanidad que mostraban aquellos bárbaros, bajaron de sus caballos, quitándoles los frenos para que paciesen; pero ellos no se quisieron quitar las celadas, sino, levantadas un poco las viseras, sentados en las yerbas, comieron de una pierna del venado que los salvajes les pusieron delante. Y, apenas hubieron comido media docena de bocados, cuando, concertados entre sí, en lenguaje que no entendieron los forasteros, llegando pasito por detrás dos dellos con dos mazas y a un tiempo, les dieron tan fuertemente sobre las cabezas, que, a no llevar puestas las celadas, fueran, sin duda, fatal sustento de aquellos bárbaros. Con todo, cayeron en tierra aturdidos, y ellos, con grande algazara, comenzaron a desarmarlos, pero como no sabían de aquel menester, no hacían sino revolverlos por aquel prado acá y acullá; de suerte que, dándoles un poco el viento y viendo el triste estado en que sus cosas estaban, se levantaron muy ligeramente, y, metiendo mano en sus ricas espadas, comenzaron a dar tras los salvajes como en real de enemigos, sin dar revés con que no hiciesen de un salvaje dos, por estar desnudos.


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