Segundo tomo del ingenioso hidalgo Don Quixote de la Mancha
Segundo tomo del ingenioso hidalgo Don Quixote de la Mancha El gigante, sin hacer caso de lo que Sancho decÃa, sacó un guante de dos pellejos de cabrito, que traÃa ya hecho para aquel efeto, y dijo, arrojándole a don Quijote:
—Levanta, caballero cobarde, ese mi estrecho y pequeño guante, en señal y gaje de que mañana te espero en la plaza que dijiste, después de comer.
Y con esto, volvió las espaldas por la puerta que habÃa entrado. Don Quijote alzó el guante, que era sin duda de tres palmos, y diósele a Sancho, diciendo:
—Toma, Sancho, guarda ese guante de Bramidán hasta mañana después de comer, que verás maravillas.
Tomóle Sancho y, santiguándose, dijo:
—¡Válgate el diablo por Balandrán de Tragajunques, o como es tu gracia, y qué terribles manos que tienes! ¡Oh, hideputa traidor, el bellaco que le esperase un bofetón! A fe, señor, que tenemos bien en qué entender con este demonio, según es de grande y despavorido; y acuérdese lleva jurado le ha de hacer como aquellas alhondiguillas que comimos esta noche. Pero vuesa merced, antes que llegue ese tiempo, hágale a él pellas de manjar blanco; que también las hemos cenado y me saben bien, y aún yo tengo dos dellas en el seno para un menester.