Segundo tomo del ingenioso hidalgo Don Quixote de la Mancha
Segundo tomo del ingenioso hidalgo Don Quixote de la Mancha Don Álvaro se fue a ver con don Carlos y a tratar así de la partida como de los dislates de don Quijote y de la determinación con que quedaba por la embajada del negro escudero de Tajayunque; y, concertados de que se partirían ambos con los demás caballeros granadinos amigos suyos dentro de dos días, se volvió a casa a dar calor a la partida de don Quijote, para desembarazarse dél. Llegó de vuelta a casa y habló en ella a don Quijote, y aprestando su viaje con tanta diligencia, que poca necesidad tuvo de valerse de la suya don Álvaro para despedirle; porque, en viéndole, le dijo don Quijote:
—No permite mi reputación, señor don Álvaro, que me detenga más un día en esta ciudad, sino que me es forzoso salir luego della y ir a los alcances de mi soberbio contrario. Vuesa merced me tenga por escusado, si con tan pocos cumplimientos agradezco las mercedes recebidas; pero viva seguro de que por ellas tendrá en mí un alquitrán de sus enemigos, un rayo de sus émulos y mil Hércules, Héctores y Aquiles en este brazo invencible, para castigar las injurias que sólo con el pensamiento le hicieren los que mal le procuraren, aunque sean los mesmos gigantes que fundaron la torre de Babilonia, si de nuevo volviesen a resucitar sólo para ello.
Y, volviéndose a Sancho, le dijo:
—Ea, Sancho, ensilla presto a Rocinante, pues te va tanto a ti en la brevedad del negocio como a mí, por la feliz gobernación que esperas.