Segundo tomo del ingenioso hidalgo Don Quixote de la Mancha
Segundo tomo del ingenioso hidalgo Don Quixote de la Mancha —Menester era —respondió don Álvaro— un muy grande Calapino para declarar una de las tres cosas que vuesa merced me ha preguntado. Y, pasando por alto las dos postreras, por el respeto que debo a su calidad, sólo digo de sus años que son diez y seis, y su hermosura tanta, que a dicho de todos los que la miran, aun con ojos menos apasionados que los míos, afirman della no haber visto, no solamente en Granada, pero ni en toda la Andalucía, más hermosa criatura. Porque, fuera de las virtudes del ánimo, es sin duda blanca como el sol, las mejillas de rosas recién cortadas, los dientes de marfil, los labios de coral, el cuello de alabastro, las manos de leche y, finalmente, tiene todas las gracias perfetísimas de que puede juzgar la vista; si bien es verdad que es algo pequeña de cuerpo.