Segundo tomo del ingenioso hidalgo Don Quixote de la Mancha
Segundo tomo del ingenioso hidalgo Don Quixote de la Mancha »Vivió en él con mucho gusto y muestras de ejemplar religioso por espacio de diez meses. Pero nuestro general adversario (que anda dando vueltas como león rabioso buscando a quién tragarse, como dice en no sé qué parte la Escritura), para daño de su conciencia, trajo a aquella universidad dos amigos suyos que habían estado ausentes de Lovaina algunos meses, no poco viciosos y aun sospechosos de la fe, plaga que ha cundido no poco, por nuestros pecados, en aquellos estados y en los circunvecinos suyos.
»Sabido por ellos como Japelín, su amigo, se había entrado religioso dominicano, lo sintieron en el alma, y propusieron de ir al convento y persuadirle con las mayores veras que les fuese posible dejase el camino que había comenzado a seguir y volviese a sus estudios. Efectuáronlo de suerte que lo determinaron, y la mesma tarde del concierto fueron a verle; y, obtenida licencia para ello del prior (que por allá no se observa el rigor que en nuestra España en hacer guardar el debido recogimiento a los novicios el año de su noviciado), le abrazaron con mucho amor y, después de haber hablado mil cosas diferentes y de gusto, el que debía de ser más libre comenzó a decirle las siguientes razones: