Segundo tomo del ingenioso hidalgo Don Quixote de la Mancha
Segundo tomo del ingenioso hidalgo Don Quixote de la Mancha »Estuvo el religioso mancebo callando a todo lo que el ministro del demonio le decÃa y mirando al suelo con suma turbación y melancolÃa; y, en fin, como era flaco y estaba poco fundado en las cosas tocantes a la perfectión y mortificación de sus apetitos, convenciéronle las razones frÃvolas y pestilenciales avisos que aquel falso amigo y verdadero enemigo de su bien le habÃa dado; y asÃ, le respondió diciendo:
»—Bien echo de ver, señor mÃo, que todo lo que me habéis dicho es mucha verdad, y estoy yo ya tan arrepentido de lo hecho más ha de ocho dÃas, que, si no fuera por el qué dirán y por mi propria reputación, me hubiera ya salido deste convento. Pero, con todo eso, estoy determinado de seguir el consejo y parecer de quien tan sin pasión y con tan buenas entrañas me dice lo que me está bien. Yo, en suma, me resuelvo de pedir hoy por todo el dÃa mis vestidos y volver a mi casa y hacienda, que ya tengo echado de ver lo que me importa; y con esto, no hay sino que os vais y me aguardéis a cenar esta noche en vuestra posada, seguros de que no faltaré a la cena. Pero tenedme secreta, os suplico, esta mi resolución.