Segundo tomo del ingenioso hidalgo Don Quixote de la Mancha
Segundo tomo del ingenioso hidalgo Don Quixote de la Mancha »—Puede vuesa merced —respondió el caballero— mandarme, mi señora, cosas de mayor consideración; que, pues no me falta para conocer mis obligaciones, tampoco me faltará, mientras viva, el gusto de acudir a ellas; que más en la memoria tengo los pueriles juguetes y los asomos que entre ellos di de muy aficionado servidor de ese singular valor de lo que vuesa merced puede representarme.
»Rióse la priora, y medio corrióse de la preñez de dichas razones, con que se despidió luego, diciendo lo hacÃa por no impedir la buena conversación, y porque le quedase lugar de hacerle la merced suplicada, cuya respuesta quedaba aguardando.
»Apenas se hubo despedido ella, cuando don Gregorio hizo lo mismo de su prima, deseosÃsimo de mostrar su voluntad en la brevedad con que acudÃa a lo que se le habÃa mandado. Fue al monasterio do estaba la hermana de la priora, cuyas memorias fueron representando de suerte a la suya su singular perfección, hermosura, cortesÃa de palabras, discreción y la gravedad y decoro de su persona, juntamente con la prudencia con que le habÃa dado pie para que, sirviéndola en aquella niñerÃa, la visitase, que con la baterÃa deste pensamiento se le fue aficionando en tanto estremo, que propuso descubrille muy de propósito el infinito deseo que tenÃa de servilla luego que volviese a traelle la respuesta.