Segundo tomo del ingenioso hidalgo Don Quixote de la Mancha
Segundo tomo del ingenioso hidalgo Don Quixote de la Mancha »Despidiéronse con esto, quedando los dos tan enamorados como dirá el suceso del verdadero cuento. Luego comenzaron a andar los recados, los billetes, y a frecuentarse las visitas, enviándose regalos y presentes de una parte y otra, con tanta frecuencia que ya daban de sà no poca nota; si bien, como todos veÃan la autoridad de la priora, no reparaban tanto en ello como fuera razón.
»Duróles este trato por más de seis meses, hasta que, estando los dos un dÃa hablando en el locutorio, comenzó don Gregorio a maldecir las rejas, que eran estorbo de que él gozase del mejor bien que gozar podÃa y deseaba; y lo mesmo decÃa ella; que era de suerte su amor, y estaba tan perdida por el mozo y tan otra de lo que solÃa, y era tan frecuentadora de billetes y ternuras, que hasta el mismo don Gregorio se espantaba de verla tal. Y fue de manera que ella fue quien dio principio a su misma perdición, pues le dijo esa mesma tarde: