Segundo tomo del ingenioso hidalgo Don Quixote de la Mancha
Segundo tomo del ingenioso hidalgo Don Quixote de la Mancha —AdmÃrome no poco, señor Quijada, que un hombre como vuesa merced, flaco y seco de cara, y que, a mi parecer, pasa ya de los cuarenta y cinco, ande enamorado; porque el amor no se alcanza sino con muchos trabajos, malas noches, peores dÃas, mil disgustos, celos, zozobras, pendencias y peligros, que todos éstos y otros semejantes son los caminos por donde se camina al amor. Y si vuesa merced ha de pasar por ellos, no me parece tiene sujeto para sufrir dos noches malas al sereno, aguas y nieves, como yo sé por experiencia que pasan los enamorados. Mas dÃgame, vuesa merced, con todo: esa mujer que ama ¿es de aquà del lugar o forastera?; que gustarÃa en estremo, si fuese posible, verla antes que me fuese, porque, hombre de tan buen gusto como vuesa merced es, no es creÃble sino que ha de haber puesto los ojos en no menos que en una Diana efesina, Policena troyana, Dido cartaginense, Lucrecia romana o Doralice granadina.