Segundo tomo del ingenioso hidalgo Don Quixote de la Mancha
Segundo tomo del ingenioso hidalgo Don Quixote de la Mancha »Quedó la en que estaba doña Luisa, acabando estas razones la Celestial Princesa de todas las hierarquÃas, llena de un olor suavÃsimo; y ella contrita y tan consolada en su espÃritu, cuanto corrida de haber obligado a la Madre del mismo Dios a serlo de sus súbditas. Pero, obedeciendo a su celestial mandato, recelosa de que no se llegase la hora de los maitines, se levantó del suelo, cubierta de sudor y lágrimas, y, haciendo una profunda inclinación a la preciosÃsima imagen y otra al SantÃsimo Sacramento y tomando las llaves, cerró la puerta de la iglesia y se fue a su celda por los mismos pasos que habÃa salido della; en la cual lo halló todo del modo que lo habÃa dejado y la Virgen le habÃa dicho.