Segundo tomo del ingenioso hidalgo Don Quixote de la Mancha

Segundo tomo del ingenioso hidalgo Don Quixote de la Mancha

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»—Por la cruz en que remedió mi eterno Dios pecadores tales cual yo soy, y por las lágrimas, afrentas y angustias con que en ella espiró, y por las que al pie de tan salutífero árbol sintió su purísima Madre, que por serlo tanto, pudo ser sólo su hechura de su omnipotencia, os pido me digáis, ¡oh religiosa señora!, si sois vos la priora doña Luisa que cuatro años ha con vuestra vista me cegastes, perdistes y enamorastes de suerte que, loco, desatinado y sin temor de Dios, me resolví en sacaros de aquí y llevaros a Lisboa y a Badajoz, cometiendo las ofensas y sacrilegios contra el cielo, que sólo un merecido infierno puedo esperar. Y si acaso sois la que pienso, decidme también cómo yéndoos conmigo, os quedastes acá, y, quedándoos acá, os fuistes conmigo; que cierto estoy (¡y ojalá no lo estuviera tanto!) que os vi, hablé, amé y solicité y saqué deste convento, sin temor de hacer a vuestro estado y profesión la ofensa que se siguió por postre de tan infernales principios. Porque veo me aseguran cuantos de vos pregunto por otra parte (cosa que vuelve loco) que jamás habéis faltado desta casa; antes dicen que siempre la habéis regido con notables ejemplos y mil virtuosas medras. Yo soy don Gregorio el malo, el sacrílego, el aleve, el traidor y, finalmente, el peor de los hombres y el igual a Lucifer en los pensamientos, pues los puse en quien era esposa de mi mismo Dios, cielo suyo y niñas de sus ojos. A la Virgen bendita del Rosario debo el conocimiento de mis culpas, pues dejándoos (si sois la que pienso, y no fantasma) en Badajoz, y dando cabo en la Corte, descuidado de mi bien, merecí un día oír acaso un sermón de uno de los apóstoles que de la predicación de su santo rosario tiene María en el mundo; en que, pintando las misericordias que por tal devoción hace su clemencia, pintó mi ceguera y dibujó mi perversa vida, dando juntamente remedio a todos mis males; que todo lo hizo predicando un milagro y la eficacia de la dicha devoción. Sentí, tras sus palabras, la de la divina gracia, pues supe confesarme luego y dejar la Corte del rey de España, y buscar la de quien es vicario de Aquél por quien los reyes reinan y en cuyo servicio consiste sólo el verdadero reinar. Alcancé absolución de aquella santa silla; y, volviendo peregrino a saber, disfrazado, de mis padres, y a saber la nota y escándalo que de vuestra persona y de la mía había en esta ciudad, he hallado en ella que en boca de todos sois vos la santa, la recogida y ejemplar, sin habérseos notado falta ni ausencia; siendo yo solo el que os he pintado y saben los cielos y vos (si sois la que pienso) y mi misma conciencia, que es el más riguroso fiscal y quien me trae a sombras de tejado, de temor de la divina justicia, de quien sólo pienso escapar recogido, en el templo de la divina misericordia, mediante la intercesión de quien es Madre dellas.


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