Segundo tomo del ingenioso hidalgo Don Quixote de la Mancha
Segundo tomo del ingenioso hidalgo Don Quixote de la Mancha —Toma, Sancho, estos papeles y busca un poco de engrudo o cera, y ponlos en las esquinas de la ciudad de manera que puedan ser leÃdos de todos. Y advierte con toda diligencia en cuanto los caballeros que llegaren a leerlos dijeren, y en si se meten en cólera, volviendo por sus amantes damas, y en si dicen algún improperio (porque la virtud siempre es envidiada), o en si se alegran por la honra que ganan de sólo entrar conmigo en batalla, y, finalmente, en si te preguntan dónde estoy o dónde está la reina mi señora. Ve volando, Sancho mÃo, y por tus ojos que lo adviertas y notes todo, para que me sepas dar, cuando vuelvas, cumplida cuenta y razón dello. Que yo, si fuere necesario, no haciendo caso de la cena, iré luego a la hora a castigar su sandez y atrevimiento, para que de aquà adelante no le tengan otros tales como ellos ara decir semejantes desvarÃos contra quien tan bien sabe castigarlos.
Sancho estuvo un rato con los papeles en la mano pensativo, porque hacÃa él esto de hincar carteles de desafÃo de muy mala gana, y quisiera más que don Quijote le inviara por una pierna de carnero, porque traÃa razonable apetito de cenar; y asÃ, con la cabeza baja, le dijo: