Segundo tomo del ingenioso hidalgo Don Quixote de la Mancha
Segundo tomo del ingenioso hidalgo Don Quixote de la Mancha —Si vuesa merced me creyera al principio, no nos metiéramos en estas trabascuentas, y ¡plegue a Dios no lo lloremos todos! Pero vaya delante, como dice vuesa merced, en hora buena, que acá nos iremos tan detrás dél como podremos, si bien no tanto como querrÃamos.
Adelantóse luego don Quijote un poco, y como viese, llegado cerca de la venta, siete o ocho personas vestidas de diferente mezcla, volvió luego turbado las riendas a Rocinante, y llegándose a los de su compañÃa, les dijo:
—Todo el mundo, señores, calle, y ojo a la puerta del castillo y a los vestigios que en ella hay.
Miraron todos hacia allá, y como los que en la venta estaban vieron venir un hombre armado de aquella suerte, y con tan grande adarga, cosa por allà poco usada, y que ya se adelantaba y ya volvÃa atrás a hablar con una mujer vestida de colorado, salieron a ver maravillados la novedad fuera de la venta, no siendo pocos los miradores, pues eran los de una compañÃa grave de comediantes, de los nombrados en Castilla, los cuales, con su autor, se habÃan determinado quedar allà aquella tarde a hacer algunos ensayos de comedias para entrar con ellas esotro dÃa con buen pie en Alcalá, teatro de consideración y cuenta, por los agudos y estremados ingenios que de toda España le dan lustre.