Segundo tomo del ingenioso hidalgo Don Quixote de la Mancha
Segundo tomo del ingenioso hidalgo Don Quixote de la Mancha Con este concierto, se volvieron a su casa a comer, dando de parte del grande Archipámpano un recado a don Quijote sobremesa; y diciéndole juntamente cómo todos habían de ir, caído el sol, a besarle las manos él y Sancho, metidos en coches, por ser muy de príncipes pasear la corte aquellos meses en carrozas, y no en caballos. Aceptó la ida don Quijote, y lo mismo hizo Sancho.
En pareciéndoles a los señores hora, mandaron aprestar los coches y, metiéndose todos dentro con don Quijote, armado y embroquelado con su adarga, y con Sancho, caminaron hacia la casa del fingido Archipámpano, a quien dieron los pajes luego aviso de las visitas que llegaban. En sabiéndolo, se puso bajo un dosel en una gran sala a recebilles; y, entrando el titular, don Carlos y don Álvaro en ella, le saludaron con notable cortesía y disimulación, y asentándose por su mandado junto a él, llena la sala de la gente que los acompañaba y de la de casa, y estando en otro cabo della, en un buen estrado, la mujer con algunas dueñas y criadas, se levantó don Álvaro y, tomando de la mano a don Quijote, le presentó con notable cortesía delante del Archipámpano, diciendo: