Segundo tomo del ingenioso hidalgo Don Quixote de la Mancha
Segundo tomo del ingenioso hidalgo Don Quixote de la Mancha —No, ¡cuerpo de tal! —dijo Sancho—, pues peor librara si peleáramos mano a mano; y, como vuesa merced dice, al enemigo que huye, la puente de plata.
Avisaron tras esto que ya era hora de la cena, porque se les habÃa pasado el tiempo sin sentir en oÃr y ver estos y otra infinidad de disparates; y, obligando el Archipámpano a todos que se quedasen a cenar con él, lo hicieron con mucho gusto, pasando graciosÃsimos chistes en la cena. Tras la cual, se fueron todos a reposar, unos a sus cuartos y otros a sus casas; solo Sancho, que se hubo de quedar en la del Archipámpano, medio mal de su grado.