Segundo tomo del ingenioso hidalgo Don Quixote de la Mancha
Segundo tomo del ingenioso hidalgo Don Quixote de la Mancha —Desde aquà desisto, señor Caballero Desamorado, de la pretensión de la infanta Florisbella de Grecia, sin querer entrar en batalla —con quien puede dar seguridad de vitoria a reinos enteros, estando aún ausente; y asÃ, en público, me doy por vencido dese valor, con no poca gloria de vuesa merced, corrimiento mÃo y contento del prÃncipe don BelianÃs de Grecia.
Holgó mucho don Quijote destas razones y agradecióselas, dándosele por amigo; y lo mismo Sancho, que deseaba se escusase esta pendencia; el cual, por mandado del Archipámpano, se levantó y fue con mucho respeto por la infanta Burlerina, trayéndosela por la mano, de cuya vista rieron los caballeros y damas en estremo, conociendo era el secretario de don Carlos, y no mujer, como pensaban don Quijote y su escudero, que, viendo la risa de todos, no pudiendo sufrirla, dijo:
—¿De qué se rÃen ellos y ellas, cuerpo non de quien las parió? ¡Nunca han visto a una hija de un rey puesta en trabajo! Pues sepan que cada dÃa nos topamos yo y mi amo con ellas por esos caminos, y, si no, dÃgalo la gran reina Segovia. Lo que vuesas mercedes, señoras, han de hacer, es tenerse por dicho que ha de dormir esta infanta con una de vuesas mercedes esta noche; si no, ahà está mi cama a su servicio, que le beso las manos.