Segundo tomo del ingenioso hidalgo Don Quixote de la Mancha

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—Ya sabéis, mi buen Sancho, el deseo que de vuestro bien he tenido desde que os vi en Zaragoza y el cuidado con que os regalé de mi mano en la mesa la primer noche que entrastes en mi casa, y cuánta merced os han hecho siempre en ella mis criados, particularmente el cocinero cojo. Pues habéis de saber que lo que me ha movido siempre a esto ha sido el veros tan hombre de bien y de buenas entrañas, teniendo lástima de que una persona de vuestra edad y buenas partes padeciese, y más en compañía de un loco tal cual es don Quijote, en el cual, por serlo tanto, no podíades dejar de dar en mil desgracias, porque sus locuras, desatinos y arrojamientos no pueden prometer buen suceso a él ni a quien se le acompañare. Y no digo cosa de que ya no tengáis esperiencia vos desde el año pasado. Y, si no, decidme: ¿qué sacastes de las antiguas aventuras, sino muchos palos, garrotazos, malas noches y peores días, tras mucha hambre, sed y cansancio, tras veros manteado de cuatro villanos, con tantas barbas como tenéis? Pues ¡monta que es menos lo que habéis padecido en esta última salida!; en la cual las ínsulas, penínsulas, provincias y gobernaciones que habéis conquistado vos y vuestro amo son haber sido terrero de desgracias en Ateca, blanco de desdichas en Zaragoza, recreación de pícaros en la cárcel de Sigüenza, irrisión de Alcalá y últimamente mofa y escarnio desta corte. Pero, pues ha querido Dios que entraseis en ella al fin de vuestra peregrinación, agradecédselo; que sin duda lo ha permitido para que se rematasen aquí vuestros trabajos, como lo han hecho los de Bárbara, que, recogida en una casa de virtuosas y arrepentidas mujeres, está ya apartada de don Quijote y pasa la vida con descanso y sin necesidad, con la limosna que le ha hecho de piedad el Archipámpano, la cual es tan grande, que no contentándose de ampararla a ella, trata de hacer lo mesmo con vuestro amo. Y así, le perderéis presto, mal que os pese, porque dentro de cuatro días lo envía a Toledo con orden de que le curen con cuidado en la Casa del Nuncio, hospital consignado para los que enferman del juicio cual él. Y no contenta su grandeza en amparar a los dichos, trata con más veras y mayor amor de ampararos a vos más de cerca y de las puertas adentro de su casa, en la cual os tiene con el regalo, abundancia y comodidad que esperimentáis tantos días ha. Lo que queda que hacer es que vos de vuestra parte procuréis conservaros en la privanza que estáis, que es notable, como lo es lo que él, su mujer y casa os aman, de la cual no saldréis vos y vuestra mujer Mari Gutiérrez mientras viváis, a quien de mi consejo habéis de traer a ella, enviándola a buscar; que yo daré mensajero seguro y pagaré los gastos, pues gustará dello y de teneros en este palacio el Archipámpano, dándoos en él a ambos un cuarto y salario y muy honrada ración todos los días de vuestra vida con que la pasaréis alegre y descansadamente en uno de los mejores lugares del mundo. Por tanto, lo que habéis de hacer es condecender con lo que os pido y darme en breve la respuesta cual merece el celo que de vuestro bien tengo.


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