Segundo tomo del ingenioso hidalgo Don Quixote de la Mancha
Segundo tomo del ingenioso hidalgo Don Quixote de la Mancha Bajó en esto del caballo, y Sancho le llevó a la caballeriza con su jumento. El ventero dijo a don Quijote que se desarmase, que en parte segura estaba, donde, pagando la cena y cama, no habría pendencia alguna; pero él no lo quiso hacer, diciendo que entre gente pagana no era menester fiarse de todos. Llegó en esto Sancho, y pudo acabar con él, a puros ruegos, se quitase el morrión; tras lo cual le puso delante una mesa pequeña con sus manteles, y dijo al ventero que trujese luego la olla y el conejo asado, lo cual fue traído en un punto; de todo lo cual cenó harto poco don Quijote, pues lo más de la cena se le fue en hacer discursos y visajes. Pero Sancho sacó de vergüenza a su amo a dos carrillos se comió todo lo que quedaba de la olla y conejo, con la ayuda de un gentil azumbre de lo de Yepes, de suerte que se puso hecho una trompa.
Alzada la mesa, llevó el ventero a don Quijote y a Sancho a un razonable aposento para acostarse; y después que Sancho le hubo desarmado, se fue a echar el segundo pienso a Rocinante y a su jumento y a llevarles a la agua. Mientras, pues, que Sancho andaba en estos bestiales ejercicios, llegó una moza gallega, que por ser muy cortés era fácil en el prometer y mucho más en el cumplir, y dijo a don Quijote: