El Periquillo Sarniento. Tomo I
El Periquillo Sarniento. Tomo I Si es así, lástima tengo a tus connaturales, y abomino el saber de sus abogados. Pero sea de esto lo que fuere, si tú no sabes más de lo que me has dicho, nada sabes; eres inútil, y es fuerza hacerte útil porque no vivas ocioso en mi patria. Limahotón, pon a este extranjero a que aprenda a cardar seda, a teñirla, a hilarla y a bordar con ella, y cuando me entregue un tapiz de su mano, yo le acomodaré de modo que sea rico. En fin, enséñale algo que le sirva para subsistir en su tierra y en la ajena.
Diciendo esto, se retiró, y yo me fui bien avergonzado con mi protector, pensando cómo aprendería al cabo de la vejez algún oficio en una tierra que no consentía inútiles ni vagos Periquillos.
EN EL QUE NUESTRO PERICO CUENTA CÓMO SE FINGIÓ CONDE EN LA ISLA; LO BIEN QUE PASÓ; LO QUE VIO EN ELLA, Y LAS PLÁTICAS QUE HUBO EN LA MESA CON LOS EXTRANJEROS, QUE NO SON DEL TODO DESPRECIABLES
