El Periquillo Sarniento. Tomo I
El Periquillo Sarniento. Tomo I –Tú me admiras, conde –decía el chino–. A la verdad que eres raro; unas veces te produces con demasiada ligereza, y otras con juicio como ahora. No te entiendo.
En esto llegamos a palacio y se concluyó nuestra conversación.
EN EL QUE REFIERE PERIQUILLO CÓMO PRESENCIÓ UNOS SUPLICIOS EN AQUELLA CIUDAD; DICE LOS QUE FUERON, Y RELATA UNA CURIOSA CONVERSACIÓN SOBRE LAS LEYES PENALES, QUE PASÓ ENTRE EL CHINO Y EL ESPAÑOL
Al día siguiente salimos a nuestro paseo acostumbrado, y habiendo andado por los parajes más públicos, hice ver a Limahotón que estaba admirado de no hallar un mendigo en toda la ciudad, a lo que él me contestó:
–Aquí no hay mendigos aunque hay pobres, porque aun de los que lo son, muchos tienen oficio con que mantenerse; y si no, son forzados a aprenderlo por el gobierno.
–¿Y cómo sabe el gobierno –le pregunté– los que tienen oficio y los que no?
–Fácilmente –me dijo–; ¿no adviertes que todos cuantos encontramos tienen una divisa particular en la piocha o remate del tocado de la cabeza?
Reflexioné que era según el chino me decía, y le dije:
