El Periquillo Sarniento. Tomo I
El Periquillo Sarniento. Tomo I Es verdad y esto ceda siempre en honor de mi maestro, es verdad que como dejo dicho, ya nosotros no disputábamos sobre el ente de razón, cualidades ocultas, formalidades, hecceidades, quididades, intenciones, y todo aquel enjambre de voces insignificantes con que los aristotélicos pretendían explicar todo aquello que se escapaba a su penetración. Es verdad (diremos con Juan Buchardo Mecknio) que “no se oyen ya en nuestras escuelas estas cuestiones con la frecuencia que en los tiempos pasados; pero se han aniquilado del todo? ¿Están enteramente limpias las universidades de las heces de la barbarie? Me temo que dura todavía en algunas la tenacidad de las antiguas preocupaciones, si no del todo, quizá arraigada en cosas que bastan para detener los progresos de la verdadera sabiduría.”
Ciertamente que la declamación de este crítico tiene mucho lugar en nuestro México.
Llegó, por fin, el día de recibir el grado de bachiller en artes. Sostuve mi acto a satisfacción, y quedé grandemente, así como en mi oposición a toda gramática; porque como los réplicas no pretendían lucir, sino hacer lucir a los muchachos no se empeñaban en sus argumentos, sino que a dos por tres se daban por muy satisfechos con la solución menos nerviosa, y nosotros quedábamos más anchos que verdolaga en huerta de indio, creyendo que no tenían instancia que oponernos. ¡Qué ciego es el amor propio!