El Periquillo Sarniento. Tomo I
El Periquillo Sarniento. Tomo I El azoramiento de todos ellos, los gritos y llantos de las mujeres, el ruido de varios tiros que se oÃan a la entrada de la barranca y el alboroto general me tenÃan lelo. No hice más que sentarme en la cama y estarme hecho un tronco, esperando el fin de aquella terrible aventura, cuando entró una mujer, se llegó a mi rincón, y tropezando conmigo me conoció, y enfadada de mi flema, me dio un pescozón tan bien dado que me hizo poner en pie muy de prisa.
–Salga usted, collón –me decÃa–, mandria, amujerado, maricón; ya la justicia nos ha caÃdo y están todos defendiéndose, y el muy sinvergüenza se está echadote como un cochino. Ande usted para fuera, socarrón, y coja ese sable que está tras de la puerta, o si no yo le exprimiré esta pistola en la barriga.
Esta fiesta era a oscuras, pero de que yo oà decir exprimir pistolas, salà como un rayo, porque no me acomodaban esas chanzas.