El Periquillo Sarniento. Tomo I
El Periquillo Sarniento. Tomo I ¿qué cosa nueva y nunca vista es ésa? ¿Has de morir de parto, collonote, o te has de quedar en el mundo para dar fe de la venida del Anticristo? ¿Qué, quieres tener dinero, comer y vestir bien y ensillar buenos caballos de flojón, encerrado entre vidrieras y sin ningún riesgo? Pues eso está verde, hermano; con algún riesgo se alquila la casa. Si me dices, como me has dicho, que has conocido ladrones que roban y pasean sin el menor peligro, te diré que es verdad; pero no todos pueden robar de igual modo. Unos roban militarmente, quiero decir, en el campo y exponiendo el pellejo, y otros roban cortesanamente, esto es, en las ciudades, paseando bien y sin exponerse a perder la vida; pero esto no todos lo consiguen, aunque los más lo desean. Conque cuidado con las collonerías, porque te daré un balazo antes que vuelvas las ancas del caballo.
Asustado yo con tan áspera reprensión y tan temida amenaza, le dije que no tenía miedo, y que si temblaba era de puro frío; que entraríamos al ataque y vería cuál era mi valor.
–Dios lo haga –dijo el Aguilón–, aunque lo dudo mucho.