El Periquillo Sarniento. Tomo I
El Periquillo Sarniento. Tomo I –No lo permita Dios –le dije con harta tristeza–; pero, hermano mío, ¿qué haré si no tengo en esta ciudad a quién volver mis ojos, ni de quién valerme para que me proporcione un destino o dónde servir, aunque fuera de portero? Mis parientes me niegan por pobre; mis amigos me desconocen por lo mismo, y todos me abandonan, ya por calavera, o ya porque no tengo blanca, que es lo más cierto, pues si tuviera dinero, me sobraran amigos y parientes, aunque fuera el diablo, como me han sobrado cuando lo he tenido; porque lo que éstos buscan es dinero, no conducta, y como tengan que estafar, nadie se mete en averiguar de dónde viene. Venga de donde viniere, el caso es que haya que chupar, y aunque sea el chupado más indigno que Satanás, amasado con Gestas y Judas, nada importa; los lisonjeros paniaguados incensarán al ídolo que los favorece por más criminal que sea, y con la mayor desvergüenza alabarán sus vicios como pudieran las virtudes más heroicas. Lo