El Periquillo Sarniento. Tomo I
El Periquillo Sarniento. Tomo I Al decir esto se fue a la calle, y yo me quedé leyendo hasta las doce del dÃa, a cuya hora volvió mi amigo.
En cuanto entró, me dijo:
–Albricias, Pedro, ya hay destino. Esta tarde te llevo para que te ajustes con el que ha de ser tu patrón, con quien te tengo muy recomendado. El es amigo mÃo y mi hijo espiritual; con esto lo conozco, y estoy seguro de sus bellas circunstancias. Vaya, tú debes dar a Dios mil gracias por este nuevo favor, y manejarte a su lado con conducta, pues ya es tiempo de pensar con juicio. Acuérdate siempre de las desgracias que has sufrido, y reflexiona en los pagos que dan el mundo y los malos amigos. Vamos a comer.
Le di los debidos agradecimientos, se puso la mesa, comimos, y concluido esto, rezamos un padrenuestro por el alma de nuestro infeliz amigo Januario. Dormimos siesta, y a las cuatro, después de tomar chocolate, salà en un coche con el padre Pelayo a la casa del que iba a ser mi amo.
En cuanto me vio parece que le confronté, porque me trató con mucha urbanidad y cariño.
Tal debió de ser el buen informe que de mà le hizo nuestro confesor y amigo.
Era hombre viudo, sin hijos, rico y liberal, circunstancias que lo debÃan hacer buen amo, como lo fue en efecto.