El Periquillo Sarniento. Tomo I
El Periquillo Sarniento. Tomo I Descansaba yo enteramente en su buena conducta y lo procuraba granjear por lo útil que me era. Llamábase don Hilario, y le daba tal aire al trapiento, que más de dos veces estuve por creer que era el mismo, y por desengañarme le hacía dos mil preguntas, que me respondía ambigua o negativamente, de modo que siempre me quedaba en mi duda, hasta que un impensado accidente me proporcionó descubrir quién era en realidad este sujeto.
EN EL QUE REFIERE PERICO LA AVENTURA DEL MISÁNTROPO, LA HISTORIA DE ÉSTE Y EL DESENLACE DEL PARADERO DEL TRAPIENTO, QUE NO ES MUY DESPRECIABLE
Aunque mi cajero era, como he dicho, muy hombre de bien, exactísimo en el cumplimiento de su obligación, y poco amigo de pasear, los domingos que no venía yo a la ciudad cerraba la tienda por la tarde, tomaba mi escopeta, le hacía llevar la suya, y nos salíamos a divertir por los arrabales del pueblo.
