El Periquillo Sarniento. Tomo I
El Periquillo Sarniento. Tomo I A pocos días me escribieron haberse casado Jacobo y Rosalía, y que vivían en el seno del gusto y la tranquilidad.
Murió a poco el administrador de la hacienda en donde estaba Anselmo, y mi amo me escribió mandándome que fuera a recibirla.
Con esta ocasión fui a la hacienda y tuve la agradable satisfacción de ver a mi amigo y a su familia, que me recibió con el mayor cariño y expresión.
Desde aquel día fue Anselmo mi dependiente, y yo un testigo de su buena conducta. Los hombres de fina educación y entendimiento, cuando se resuelven a ser hombres de bien, casi siempre desempeñan este título lisonjero.
Yo me volví a San Agustín y viví tranquilo muchos años.
EN EL QUE PERIQUILLO CUENTA SUS SEGUNDAS NUPCIAS Y OTRAS COSAS INTERESANTES PARA LA INTELIGENCIA DE ESTA VERDADERA HISTORIA
No me quedé muy contento con la ausencia de don Tadeo; su falta cada día me era más sensible, porgue no me fue fácil hallar un dependiente bueno en mucho tiempo. Varios tuve, pero todos me salieron averiados, pues el que no era ebrio, era jugador; el que no era jugador, enamoraba; el que no enamoraba, era flojo; el que no tenía este defecto, era inútil, y el que era hábil, sabía darle sus desconocidas al cajón.
