El Periquillo Sarniento. Tomo I
El Periquillo Sarniento. Tomo I Pasado este cruel invierno, todo ha sido primavera, viviendo juntos vuestra madre, yo y vosotros, y disfrutando de una paz y de unos placeres inocentes en una medianía honrada, que, sin abastecerme para superfluidades, me ha dado todo lo necesario para no desear la suerte de los señores ricos y potentados.
Vuestro padrino fue mi amo, quien mientras vivió os quiso mucho, y en su muerte os confirmó su cariño con una acción nada común, que sabréis en el capítulo que sigue.
EN EL QUE PERIQUILLO REFIERE LA MUERTE DE SU AMO, LA DESPEDIDA DEL CHINO, SU ÚLTIMA ENFERMEDAD, Y EL EDITOR SIGUE CONTANDO LO DEMÁS HASTA LA MUERTE DE NUESTRO HÉROE
Excusemos circunloquios y vamos a la sustancia. Murió mi amable amo, padrino, compadre y protector; murió, sin hijos ni herederos forzosos, y tratando de darme las últimas pruebas del cariño que me profesó, me dejó por único heredero de sus bienes, contándose entre estos la hacienda que administraba yo en compañía de Anselmo, bajo las condiciones que expresó en su testamento, y que yo cumplí como su amigo, como su favorecido y como hombre de bien, que es el título de que más nos debemos lisonjear.
