El Periquillo Sarniento. Tomo I
El Periquillo Sarniento. Tomo I Aunque en realidad de verdad nunca es tarde para el arrepentimiento, y mientras que vive el hombre siempre está en tiempo oportuno para justificarse, no debemos vivir en esta confianza, pues acaso en castigo de nuestra pertinacia y rebeldía nos faltará esa oportunidad al mismo tiempo de desearla.
Yo os he escrito mi vida sin disfraz; os he manifestado mis errores y los motivos de ellos sin disimulo, y por fin os he descubierto en mí mismo cuáles son los dulces premios que halla el hombre cuando se sujeta a vivir conforme a la recta razón y a los sabios principios de la sana moral.
No permita Dios que después de mis días os abandonéis al vicio, y toméis sólo el mal ejemplo de vuestro padre, quizá con la necia esperanza de enmendaros como él a la mitad de la carrera de vuestra vida, ni digáis en el secreto de vuestro corazón: “Sigamos a nuestro padre en sus yerros, que después lo seguiremos en la mudanza de su conducta, pues tal vez no se logren esas inicuas esperanzas.” Consagrad, hijos míos, a Dios las primicias de vuestros años, y así lograréis percibir temprano los dulces frutos de la virtud, honrando la memoria de vuestros padres, excusándoos las desgracias que acompañan al crimen, siendo útiles al Estado y a vosotros mismos, y pasando de una felicidad temporal a gozar otra mayor que no se acaba.