El Periquillo Sarniento. Tomo I
El Periquillo Sarniento. Tomo I que mis crímenes tiene perdonados.
Seguro en tus promesas
invoco tus piedades, y en tus manos
mi espíritu encomiendo.
Recíbelo, Señor, en tu regazo.
Dos veces se repitió el tierno himno, y en la segunda, al llegar a aquel verso que dice: En tus manos mi espíritu encomiendo, lo entregó nuestro Pedro en las manos del Señor, dejándonos llenos de ternura, devoción y consuelo.
A la noticia de su muerte, acaecida a fines del mismo año 1813, se extendió el dolor por toda la casa, manifestándolo en lágrimas no sólo su familia, sino sus amigos, sus criados y favorecidos que habían ido a ser testigos de su muerte.
Se veló el cadáver, según dijo, dos días, no desocupándose en ellos la casa, de sus amigos y beneficiados, que lloraban amargamente la falta de tan buen padre, amigo y bienhechor.
Por fin se trató de darle sepultura.
EN EL QUE EL “PENSADOR” REFIERE EL ENTIERRO DE PERICO, Y OTRAS COSAS QUE LLEVAN AL LECTOR POR LA MANO AL FIN DE ESTA CIERTÍSIMA HISTORIA
