El Periquillo Sarniento. Tomo I
El Periquillo Sarniento. Tomo I -Esa es una buena señal de que usted tiene un talento no vulgar -me dijo el padre-; porque cuando un hombre conoce su error, lo confiesa y desea salir de él, da las mejores esperanzas, pues esto no es propio de entendimientos arrastrados que yerran y lo conocen, pero su soberbia no les permite confesarlos; y así ellos mismos se privan de la luz de la enseñanza, semejantes al enfermo imprudente que por no descubrir su llaga al médico, se priva de la medicina y se empeora. Pero ¿dónde aprendió usted ese montón de vulgaridades que nos contó de los cometas? Porque en el colegio seguramente no se las enseñaron.
-Ya se ve que no -le respondí-. Esa copia de lucidísima erudición que he vaciado se la debo a las viejas y cocineras de mi casa.
-No es usted el primero –dijo el padre- que mama con la primera leche semejantes absurdos. Verdaderamente que todas ésas son patrañas y cuentos de viejas. Usted, lo que debe hacer es aplicarse, que aún es muchacho y puede aprovechar. Yo le daré el apuntito que me pide de los autores en que puede leer a gusto estas materias, y le daré también, algunas leccioncitas mientras estemos aquí.
Le di las gracias, quedando prendado de su bello carácter; iba a pedirle un favor de muchacho, cuando nos llamaron para que nos fuéramos a divertir al corral del herradero.