El Periquillo Sarniento. Tomo I
El Periquillo Sarniento. Tomo I Entonces la buena vieja me afianzó de la camisa, y sentándome junto a sí me dijo:
-Cállese usted, mocoso atrevido, ¿qué venía a buscar aquí? Ya sé sus gracias. ¿Así se honra a sus padres? ¿Así se pagan los favores que le hemos hecho? ¿Este es el modo de portarse un niño bien nacido y bien criado? ¿Qué deja usted para los payos ordinarios y sin educación? Pícaro, indecente, osado, que se atreve a arrojarse a la cama de una niña doncella, hija de unos señores que lo han favorecido. Agradezca que, por respeto a sus buenos padres, no hago que lo majen a palos mi criados; pero mañana vendrá mi marido, y en el día haré que se lleve a usted a México, que yo no quiero pícaros en mi casa.
Yo, lleno de temor y confusión, me le hinqué, lloré y supliqué tanto que no le avisara don Martín, que al fin me lo prometió. Fuime a mi cama y observé que reía bastante el indigno Januario debajo de la sábana; pero no me di por entendido.
Al día siguiente vino don Martín, y la señora, pretextando no sé qué diligencia precisa en la capital, hizo poner el coche, y sin volver a ver a la pobre muchacha, me condujeron a la casa de mis padres, sin darse la señora por entendida con su marido según me lo prometió.