El Periquillo Sarniento. Tomo I
El Periquillo Sarniento. Tomo I –¡Oh!, pues si se mete a lo que no entiende, ¿no es preciso que yerre? Pero cuando nosotros emprendemos, creemos que somos capaces de salirnos con la nuestra, ¿y si erramos? ¡Oh!, entonces nos sobran mil disculpas a nuestro favor para cubrirnos de las notas de imperitos o atolondrados.
“Por esto no me cansaré de repetirte, hijo mío, que antes de abrazar ésta o la otra facultad literaria, ésta o aquella profesión mecánica, etcétera, lo pienses bien, veas si eres o no a propósito para ello; pues aun cuando te sobre inclinación, si te falta talento, errarás lo que emprendas sin ambas cosas, y te expondrás a ser objeto de la más severa crítica.
“Cicerón fue el depósito de la elocuencia romana; tenía inclinación a la poesía; pero no aquel talento propio para ella que llaman estro; lo que fue causa de que cometiese una ridícula cacofonía, o mal sonido de palabras en aquel verso que censuró con otros Quintiliano:
O fortunatam natam me consule
[Roman
“Y Juvenal dijo que si las Filípicas con que irritó el ánimo de Antonio las hubiera dicho con tan mala poesía, nunca hubiera muerto degollado.