El Periquillo Sarniento. Tomo I
El Periquillo Sarniento. Tomo I El dueño reclamaba y porfiaba con razón que era suyo; pero yo grité, me encolericé, juré, me cogí el dinero y me salí a la calle, sin que hubiera uno que dijera esta boca es mía, porque el menos me juzgaba diácono, y ya tú ves que si este lance me hubiera sucedido siendo médico o abogado secular, o me salgo sin blanca, o se arma una campaña de que tal vez no hubiera sacado las costillas en su lugar. Conque otra vez te digo que estudies para clérigo y no pienses en otra cosa.
Yo le respondí:
-Todo eso me gusta y me convence demasiado, pero mi padre me ha dicho que es preciso que estudie teología, cánones, leyes o medicina; y yo, la verdad, no me juzgo con talentos suficientes para eso.
-No seas majadero -me respondió Pelayo-. No es menester tanto estudio ni tanto trabajo para ser clérigo; ¿tienes capellanía?
-No tengo -le respondí.