El Periquillo Sarniento. Tomo I

El Periquillo Sarniento. Tomo I

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No parece sino que me ayudaba en todo aquélla fortuna que llaman de pícaro, porque todo se facilitaba a medida de mi deseo. Yo recibí mi esquela con mucho gusto, di las gracias a mi amigo por su empeño, y me volví para casa.

CAPÍTULO XI

TOMA PERIQUILLO EL HABITO DE RELIGIOSO Y SE ARREPIENTE EN EL

MISMO DÍA. CUÉNTANSE ALGUNOS INTERMEDIOS RELATIVOS A ESTO

Todo aquel día lo pasé contentísimo esperando que llegara el siguiente para ir a ver al provincial. No quise ir en esa tarde, por dar lugar a que el padre de Pelayo hiciese por mí el empeño que había ofrecido.

Nada ocurrió particular en este día, y al siguiente a buena hora me fui para el convento de San Diego, y al pasar por la alameda, que estaba sola, me puse frente a un árbol, haciéndolo pasar en mi imaginación la plaza de provincial, y allí me comencé a ensayar en el modo de hablarle en voz sumisa, con la cabeza inclinada, los ojos bajos, y las dos manos metidas dentro de la copa del sombrero.

Con éstas y cuantas exterioridades de humildad me sugirió mi hipocresía, marché para el convento.


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