El Periquillo Sarniento. Tomo I
El Periquillo Sarniento. Tomo I Yo agradecí sus consejos al buen religiosito, y le envidié su virtud, su serenidad y alegría, porque no sé qué tiene la sólida virtud que se hace amable de los mismos malos.
Llegó la hora de la misa conventual, y fuimos a coro. Entonces advertí que no asistían algunos padres que había visto por el convento. Pregunté el motivo y me dijeron que eran padres graves y jubilados, o exentos de las asistencias de comunidad. Con esto me consolé un poco, porque decía: “En caso de profesar, que lo dudo, como yo sea padre grave, ya estoy libre de estas cosas.” Fuimos a coro.
TRÁTASE SOBRE LOS MALOS Y LOS BUENOS CONSEJOS: MUERTE DEL PADRE
DE PERIQUILLO, Y SALIDA DE ÉSTE DEL CONVENTO
Estuve en el coro durante la tercia y la misa, pero con la misma atención que el facistol.
Todo se me fue en cabecear, estirar los párpados y bostezar, como quien no había cenado ni dormido.
El que presidía lo notó, y luego que salimos me dijo:
-Hermano, parece que su caridad es harto flojillo; enmendarse, que aquí no es lugar de dormir.
