El Periquillo Sarniento. Tomo I

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Yo agradecí sus consejos al buen religiosito, y le envidié su virtud, su serenidad y alegría, porque no sé qué tiene la sólida virtud que se hace amable de los mismos malos.

Llegó la hora de la misa conventual, y fuimos a coro. Entonces advertí que no asistían algunos padres que había visto por el convento. Pregunté el motivo y me dijeron que eran padres graves y jubilados, o exentos de las asistencias de comunidad. Con esto me consolé un poco, porque decía: “En caso de profesar, que lo dudo, como yo sea padre grave, ya estoy libre de estas cosas.” Fuimos a coro.

CAPÍTULO XII

TRÁTASE SOBRE LOS MALOS Y LOS BUENOS CONSEJOS: MUERTE DEL PADRE

DE PERIQUILLO, Y SALIDA DE ÉSTE DEL CONVENTO

Estuve en el coro durante la tercia y la misa, pero con la misma atención que el facistol.

Todo se me fue en cabecear, estirar los párpados y bostezar, como quien no había cenado ni dormido.

El que presidía lo notó, y luego que salimos me dijo:

-Hermano, parece que su caridad es harto flojillo; enmendarse, que aquí no es lugar de dormir.


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