El Periquillo Sarniento. Tomo I
El Periquillo Sarniento. Tomo I Se dan limosnas y se mandan hacer restituciones (si se mandan hacer) en aquella hora, porque no se pueden llevar los caudales a la sepultura. Se mueren muy confiados en que los albaceas cumplirán el testamento, y ¿cuántas veces se engañan los testadores?, ¿cuántas veces se transforman los albaceas en herederos, y los curadores ad bona en tenedores de bienes? Innumerables. No, no son raras las quejas que se oyen todos los días a los pobres menores a quienes ha dejado por puertas o la mala fe o la mala administración de aquéllos.
Todo lo dicho os enseña a no esperar, como dicen, a la hora de los gestos para disponer de vuestras cosas, porque entonces el susto y la precipitación rebajan mucha parte del acierto.
Llegamos a los lutos, en los que, como visteis con mi madre, caben también los abusos. El luto no es más que una costumbre de vestirse de negro para manifestar nuestro sentimiento en la muerte de los deudos o amigos; pero este color, a merced de la dicha costumbre, es sólo señal, mas no prueba del sentimiento. ¿Cuántos infelices no se visten luto en la muerte de las personas que más aman, porque no lo tienen? Y su dolor es innegable. Al contrario,