El Periquillo Sarniento. Tomo I
El Periquillo Sarniento. Tomo I Ya habéis visto que en el tiempo de mi madre, un año era el prefijado para llevar el luto por los padres, hijos y consortes,[12] seis meses por los hermanos, tres por los sobrinos, etc.
Esta no puede menos que ser una bobera; porque si se amaba a los difuntos verdaderamente, y el luto es la prueba del sentimiento, en ningún tiempo se debía quitar, porque en ningún tiempo debía cesar el motivo; y si no se amaban, era indiferente el llevarlo pocos o muchos meses, pues que no prueba sentimiento el traje negro.
Algunas de estas reflexiones hice a mi madre, hasta que la desentusiasmé de su capricho, y me ofreció que nos quitaríamos el luto para el día de San Pedro, que era cuanto yo deseaba para quitarme también la máscara de la virtud que había fingido y correr a rienda suelta por toda la carrera de los vicios, disfrutando de mi libertad enteramente y tirando con mis
amigos los pocos mediecillos que mi padre había economizado para la subsistencia de mi pobre madre.
Seguí esta determinación, se me hizo un vestido de petimetre para ese día, y se dispuso su almuerzo, comida y bailecito para esa noche.