El Periquillo Sarniento. Tomo I
El Periquillo Sarniento. Tomo I ¡Hola! Pues tampoco esa es disculpa justa. Consulten a los teólogos, y verán cómo están en obligación de partir el pan que tengan con sus padres; y aun hay quien diga[20] que en caso de igual necesidad, bajo de culpa grave, primero se ha de socorrer a los padres que a los hijos.
No favorecer a los padres en un caso extremo es como matarlos; delito tan cruel que, asombrados de su enormidad, los antiguos señalaron por pena condigna a quien lo cometiera el que lo encerraran dentro de un cuero de toro, para que muriera sofocado, y que de este modo lo arrojaran a la mar, para que su cadáver ni aun hallara descanso en el sepulcro.
¡Pues cuántos cueros se necesitarán para enfardelar a tantos hijos ingratos como escandalizan al mundo con sus vilezas y ruindades? En aquel tiempo yo no me hubiera quedado sin el mío; porque no sólo no socorrí a mi madre, sino que le disipé aquello poco que mi padre le dejó para su socorro.