El Periquillo Sarniento. Tomo I
El Periquillo Sarniento. Tomo I un mirón que nos conocía bien a mí ya Januario: advirtió los zapotes que yo había hecho, y le dijo al payo, con disimulo y a mis excusas, que yo había entregado su dinero.
Entonces el barbaján, con más viveza para vengarse que para jugar, me llevó a su mesón con pretexto de darme de comer. Yo me resistía no teniendo lo que me iba a suceder, sino deseando ir a cobrar el premio de mis gracias; pero no pude escaparme; me llevó el payo al mesón, se encerró conmigo en el cuarto y me dio tan soberbia tarea de trancazos que me dislocó un brazo, me rompió la cabeza por tres partes, me sumió unas cuantas costillas, y a no ser porque al ruido forzaron los demás huéspedes la puerta y me quitaron de sus manos, seguramente yo no escribo mi vida; porque allí llega su último fin. Ello es que quedé a sus pies privado de sentido, y fui a despertar en donde veréis en el capítulo que sigue.
VUELVE EN SÍ PERICO Y SE ENCUENTRA EN EL HOSPITAL. CRITICA LOS ABUSOS DE MUCHOS DE ELLOS. VISÍTALO JANUARIO. CONVALECE. SALE A LACALLE. REFIERE SUS TRABAJOS. INDÚCELO SU MAESTRO A LADRÓN. ÉL SE RESISTE Y DISCUTEN LOS DOS SOBRE EL ROBO
