El Periquillo Sarniento. Tomo I
El Periquillo Sarniento. Tomo I EN EL QUE PERIQUILLO DA RAZON DE SU INGRESO A LA ESCUELA, LOS PROGRESOS QUE HIZO EN ELLA, Y OTRAS PARTICULARIDADES QUE SABRÁ EL QUE LAS LEYERE, LAS OYERE LEER O LAS PREGUNTARE
Hizo sus mohínas mi padre, sus pucheritos mi madre, y yo un montón de alharacas y berrinches revueltos con mil lágrimas y gritos; pero nada valió para que mi padre revocara su decreto. Me encajaron en la escuela mal de mi grado.
El maestro era muy hombre de bien, pero no tenía los requisitos necesarios para el caso. En primer lugar era un pobre, y emprendió este ejercicio por mera necesidad, y sin consultar su inclinación y habilidad; no era mucho que estuviera disgustado como estaba y aun avergonzado en el destino.
Los hombres creen (no sé por qué) que los muchachos, por serlo, no se entretienen en escuchar sus conversaciones ni las comprenden; y fiados en este error, no se cuidan de hablar delante de ellos muchas cosas que alguna vez les salen a la cara, y entonces conocen que los niños son muy curiosos, fisgones y observativos.
Yo era uno de tantos, y cumplía con mis deberes exactamente. Me sentaba mi maestro junto a sí, ya por especial recomendación de mi padre, o ya porque era yo el más bien tratadito de ropa que había entre sus alumnos. No sé qué tiene un buen exterior que se respeta hasta en los muchachos.
