El Periquillo Sarniento. Tomo I
El Periquillo Sarniento. Tomo I “No me acuerdo si en un libro viejo titulado Deleite de la discreción, o en otro llamado Floresta española, pero seguramente en uno de los dos, he leído aquel cuento gracioso de un loco muy agudo que había en Sevilla, llamado Juan García, el cual, viendo cierta ocasión que llevaban un ladrón al suplicio, comenzó a reír a carcajada tendida, y preguntado que de qué se reía en un espectáculo tan funesto, respondió: Me río de ver que los ladrones grandes llevan a ahorcar al chico. Aplique usted, señor Perico.
-Todo lo que saco por conclusión -le respondí- es que cuando un hombre está resuelto, como tú, a cualquier cosa, por mala que sea, interpreta a su favor los mismos argumentos que son en contra. Todo eso que dices tiene bastante de verdad. Que hay muchos ladrones,
¿quién lo ha de negar si lo vemos? Que el hurto se palía con diferentes nombres, es evidente, y que las más veces se roba con apariencias de justicia es más claro que la luz; pero todo esto no prueba que sea lícito el hurtar. ¿Acaso porque en las guerras justas o injustas se maten los hombres a millares, se probará jamás que es lícito el homicidio? La repetición de actos engendra costumbre, pero no la justifica, si ella no es buena de por sí.