El Periquillo Sarniento. Tomo I
El Periquillo Sarniento. Tomo I Efectivamente, luego que comencé a presentarla en los paseos, bailes, coliseo y tertulias, advertí con una necia complacencia que todos celebraban su mérito, y muchos con demasiada expresión. ¿Quién creerá que era yo tan abobado que pensaba que no había ningún riesgo en las adulaciones y lisonjas que la prodigaban? Así era, y yo las correspondía con gratitud; y aun hacía más en mi daño, que era franquearla en cuantos lugares públicos podía, congratulándome de que festejaran su mérito y envidiaran mi dicha.
¡Necio! Yo ignoraba que la mujer hermosa es una alhaja que excita muy vivamente la codicia del hombre, y que el honor en estos casos se aventura con exponerla con frecuencia a la curiosidad común; mas...
Aquí llegaba la conversación de mi amigo, cuando la interrumpieron unos gritos que decían:
-Ese nuevo; anda, Sancho Pérez, anda, cucharero, anda, hijo de p...
Mi amigo me advirtió que sin duda a mí me llamaban. Era así, y yo tuve que dejar pendiente su conversación.
CUENTA PERIQUILLO LO QUE LE PASÓ CON EL ESCRIBANO, Y DON ANTONIO CONTINÚA CONTÁNDOLE SU HISTORIA
