El Periquillo Sarniento. Tomo I
El Periquillo Sarniento. Tomo I Cuando el Marqués vino no había más que hacer que la llevada de mi esposa, cuya separación le costó, como era regular, muchas lágrimas; pero al fin se quedó, y yo marché en la misma tarde a dormir fuera de garita.
Aquí llegaba don Antonio, cuando uno de los reglamentos de la cárcel volvió a interrumpir su conversación.
CUENTA PERIQUILLO LA PESADA BURLA QUE LE HICIERON LOS PRESOS EN EL CALABOZO, Y DON ANTONIO CONCLUYE SU HISTORIA
El motivo porque se volvió a interrumpir la conversación de don Antonio fue porque serían como las cinco de la tarde cuando bajó el alcaide a encerrar a los presos en sus respectivos calabozos, acompañado de otros dos que traían un manojo de llaves.
Luego que encerró a los del primer patio, pasó al segundo, y el feroz presidente, aún amostazado contra mí, sin razón, me separó de la compañía de don Antonio y me llevó al calabozo más pequeño, sucio y lleno de gente. Entré el último, y cerrando con los candados, quedamos allí como moscas en cárcel de muchachos.
