El Periquillo Sarniento. Tomo I
El Periquillo Sarniento. Tomo I Fue el caso que una noche cayó un ladrón conocido y harto criminal en manos de la justicia. Tocóle la formación de su causa a otro escribano, y no a mi amo. Convencióse y confesó el reo llanamente todos sus delitos, porque eran innegables. En este tiempo, una hermana que éste tenía, no mal parecida, fue a ver a mi amo empeñándose por su hermano y llevándole no sé qué regalito; pero mi dicho amo se excusó diciéndole que él no era el escribano de la causa, que viera al que lo era. La muchacha le dijo que ya lo había visto, mas que fue en vano, porque aquel escribano era muy escrupuloso y le había dicho que él no podía proceder contra la justicia, ni tenía arbitrio para mover a su favor el corazón de los jueces; que él debía dar cuenta con que resultase de la causa, y los jueces sentenciarían conforme lo que hallaran por conveniente, y así, que él no tenía que hacer en eso; que ella, desesperada con tan mal despacho, había ido a ver a mi amo sabiendo lo piadoso que era y el mucho valimiento que tenía en la sala, suplicándole la viese con caridad; que, aunque era una pobre, le agradecería este favor toda su vida, y se lo correspondería de la manera que pudiese.
Mi amo, que no tenía por dónde el diablo lo desechara, al oír esta proposición, vio con más cuidado los ojillos llorosos de la suplicante, y no pareciéndole indignos de su protección, se la ofreció diciéndole: