El Periquillo Sarniento. Tomo I

El Periquillo Sarniento. Tomo I

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Mas estas serias reflexiones las hago ahora; entonces me vanaglorié de la mudanza de mi suerte, y me contenté demasiado con el rumboso título de aprendiz de botica sin saber el común refrancillo que dice: Estudiante perdulario, sacristán o boticario.

Sin embargo, en nada menos pensé que en aplicarme al estudio de química y botánica. Mi estudio se redujo a hacer algunos mejunjes, a aprender algunos términos técnicos, y a agilitarme en el despacho; pero como era tan buen hipócrita, me granjeé la confianza y el cariño del oficial (pues mi amo no estaba mucho en la botica), y tanto que a los seis meses ya yo le ayudaba también a don José, que tenía lugar de pasear y aun de irse a dormir a la calle.

Desde entonces, o tres meses antes, se me asignaron ocho pesos cada mes, y yo hubiera salido oficial como muchos si un accidente no me hubiera sacado de la casa. Pero antes de referir esta aventura es menester imponeros en algunas circunstancias.

Había en aquella época en esta capital un médico viejo a quien llamaban por mal nombre el doctor Purgante, porque a todos los enfermos decía que facilitaba la curación con un purgante.


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