El Periquillo Sarniento. Tomo I
El Periquillo Sarniento. Tomo I Ya los señores principales me habían visitado, según dije, y habían formado de mí el concepto que quisieron; pero no me había visto el común del pueblo vestido de punta en blanco ni acompañado de mi escudero; mas el domingo que me presenté en la iglesia vestido a mi modo entre médico y corchete, y Andrés entre tordo y perico, fue increíble la distracción del pueblo, y creo que nadie oyó misa por mirarnos; unos burlándose de nuestras extravagantes figuras, y otros admirándose de semejantes trajes. Lo cierto es que cuando volví a mi posada fui acompañado de una multitud de muchachos, mujeres, indios, indias y pobres rancheros que no cesaban de preguntar a Andrés quiénes éramos. Y él, muy mesurado, les decía:
-Este señor es mi amo, se llama el señor doctor don Pedro Sarmiento, y médico como él, no lo ha parido el reino de Nueva España; y yo soy su mozo, me llamo Andrés Cascajo y soy maestro barbero, y muy capaz de afeitar un capón, de sacarle sangre a un muerto y desquijarar a un león si trata de sacarle alguna muela.
Estas conversaciones eran a mis espaldas; porque yo, a fuer de amo, no iba lado a lado con Andrés, sino por delante y muy gravedoso y presumido escuchando mis elogios; pero por