El Periquillo Sarniento. Tomo I
El Periquillo Sarniento. Tomo I Como lo pensé sucedió. Luego que se supo entre los pobres el feliz éxito del alcabalero en mis manos, comenzó el vulgo a celebrarme y recomendarme a boca llena, porque decían: Pues los señores principales lo llaman, sin duda es un médico de lo que no hay.” Lo mejor era que también los sujetos distinguidos se clavaron y no me escasearon sus elogios.
Sólo el cura no me tragaba; antes decía al subdelegado, al administrador de correos y a otros, que yo sería buen médico, pero que él no lo creía porque era muy pedante y charlatán, y quien tenía estas circunstancias, o era muy necio o muy pícaro, y de ninguna manera había que fiar de él, fuera médico, teólogo, abogado o cualquier cosa. El subdelegado se empeñaba en defenderme, diciendo que era natural a cada uno explicarse con los términos de su facultad, y esto no debía llamarse pedantismo.