El Periquillo Sarniento. Tomo I
El Periquillo Sarniento. Tomo I Mandé cocer malvas con jabón y miel, y ya que estuvo esta diligencia practicada, le hice tomar una buena porción por la boca, a lo que el miserable se resistía y sus deudos, diciéndome que eso no era vomitorio sino ayuda.
-Tómela usted, señor -le decía yo muy enfadado-; ¿no ve que si es ayuda, como dice, ayuda es tomada por la boca y por todas partes? Así pues, señor mío, o tomar el remedio o morirse.
El triste enfermo bebió la asquerosa poción con tanto asco, que con él tuvo para volver la mitad de las entrañas; pero se fatigó demasiado, y como el infarto estaba en los intestinos, no se le aliviaba el dolor.
Entonces hice que Andrés llenara la jeringa y le mandé franquear el trasero.
-En mi vida -dijo el enfermo-, en mi vida me han andado por ahí.